Una de las satisfacciones más grandes que he tenido, ha sido la de ver cómo familias que durante años habían estado escondidas, obtenían su regularización afirma en una entrevista exclusiva a Panorámica la diputada ecologista Maria Nagy. La única diputada de origen latinoamericano en Bélgica es una mujer que, al igual que otros muchos inmigrantes, ha vivido el mismo proceso de adaptación a un país que no es el suyo. Después de más de treinta años en Bélgica, sigue manteniendo los valores principales de su cultura y su militancia prefiere situarla en el ala izquierda del partido ecologista. La lucha para la liberación de Ingrid Betancourt y la regularización de los sin papeles en Bélgica, son algunas de sus banderas y proyectos políticos.
PANORÁMICA LATINOAMERICANA : ¿ Por qué motivo llegó a Bruselas en 1974 ?
MARIE NAGY : Mi padre había estudiado en Bélgica y deseaba que sus hijos pudieran realizar su formación universitaria en Europa. Tenía amigos aquí con los que mantenía buenas relaciones. Llegué sola con la idea de estudiar durante cuatro años y luego volver a Colombia.
PL ¿ Cuál fue su primera impresión al llegar a Bruselas ?
M.N : A Bruselas llegué en tren y la primera impresión que recibí fue la de la Estación del Norte, un lugar triste y deprimido. De ahí me dirigí en auto hacia la Hulpe, donde vivían los amigos que me iban a recibir, y pasé por ese bosque inmenso e impresionante. Sin duda esas son las dos imágenes que recuerdo, la de la deprimente estación del Norte y el contraste con el impresionante bosque de la Forêt de Soignes.
P.L : ¿ Eso quiere decir que ese lado gris de Bruselas le asustó, usted que venía de un país con sol y luminosidad ?
M.N : Sí, además en 1974 llovió todos los días, así la imagen que yo tenía de Europa no coincidía con lo que estaba viviendo.Yo tenía 17 años y para mí, al igual que para muchos latinoamericanos, era algo mítico llegar a Europa.
Tenemos en la mente las impresionantes imágenes del patrimonio arquitectónico europeo, pero al pisar tierra nos damos cuenta de que no todo es tan maravilloso, las calles están sucias, las caras son serias y no risueñas, en fin que la realidad es muy distinta...
P.L : ¿ Es de suponer que no hablaba correctamente francés ? ¿ Cómo superó el problema de la incomunicación ?
M.N : Con mucho esfuerzo. Cuando llegué a Bélgica hablaba castellano e inglés, eso para mí fue difícil al principio. Ya en la familia de acogida recuerdo el día en el que me pidieron que buscara una sábana un drap y yo no tenía ni idea de lo que estaban hablando. Me tocó aprender como los niños.
Yo considero que tuve el mismo recorrido que muchos inmigrantes, con la diferencia de que yo fui acogida por una familia con la que tenía una buena relación.
P.L : ¿ Viviendo más de 30 años en Bélgica, qué le queda de la cultura colombiana ?
M.N : Me queda todo lo que se adquiere durante la infancia y la adolescencia. Es decir, la imagen de pobreza e injusticia en una ciudad como Bogotá, donde la gente tiene que trabajar y luchar mucho para sobrevivir. Yo vengo de una familia donde mi padre era el único que trabajaba y dependíamos de ese salario para salir adelante. El recuerdo que para vivir hay que luchar constantemente. Y políticamente tengo una relación un tanto romántica con Colombia y el continente, donde se mezclan ideas de izquierda, la historia del Che Guevara y su impacto político en la generación de los 70 y el hombre integró en la figura de Salvador Allende.
P.L : ¿ Cuál es su reacción cuando le informan que están expulsando miembros de la comunidad latina de Bruselas, como sucedió hace algunos meses con los ecuatorianos de Saint-Gilles ?
M.N. : Mi reacción es de indignación porque no se respetan los más elementales derechos humanos. Reacciono así porque ello me recuerda que soy hija de alguien que fue refugiado de guerra en 1948 y que estuvo internado en un campo de refugiados en Innsbruck. Los tiempos cambian, pero la gente sigue internada en campos como lo son el 127 bis o el Petit Chateau en Bruselas. Desde el punto de vista político, mi reacción es la de evaluar las posibilidades que existen hoy en el terreno jurídico, con el fin de obtener el máximo para los nuevos inmigrados. Mi íntima convicción me invita ha declarar que nadie puede impedir el deseo de la gente de vivir mejor. Además, en Bélgica la mayor parte de los latinos ilegales trabajan, es decir aportan al desarrollo del país y en esta situación el único perdedor es la seguridad social, que no puede cobrar sus cotizaciones.
P.L : ¿ Qué solución propone Ud. para resolver los problemas de residencia de los ecuatorianos en estos momentos ?
M.N : A mediano o largo plazo la única posibilidad que tiene el gobierno, será la de reconocer la existencia de estas personas. Habría que aceptar una nueva operación de regularización para los indocumentados. Ahora, tengo una propuesta de ley para que sea posible pedir la regularización, según la jurisprudencia de las cámaras de regularización de la operación de 1999. Se debería aprovechar la experiencia que se tuvo. Creo que es posible aplicar el reconocimiento legal persona por persona o familia por familia. Es la única manera de dar dignidad a la gente, y dejarles trabajar. Tarde o temprano, los Estados miembros de la UE tendrán que reconocer que hay un problema y que no se resuelve diciendo que no existe.
P.L : ¿ Hay que tratar de afrontar las dificultades y no posponerlas como hace Europa ?
M.N. : Claro, porque las crisis de los países latinoamericanos terminan manifestándose con una inmigración masiva que golpea las puertas europeas. Hoy, los dirigentes europeos se dan cuenta de que están llegando muchos ecuatorianos, colombianos, peruanos y argentinos. Están muy preocupados y pretenden parar la entrada de estas personas con más medidas de control, seguridad y autoritarismo. Pero nunca se han preocupado en tomar medidas pertinentes y hacer presión, por ejemplo, sobre el gobierno de un país como Colombia, donde hay 2 millones de desplazados internos por causa de la violencia política. Muchos de ellos por desesperación terminan por salir del país y viajar hacia Estados Unidos o Europa.
P.L. ¿ A la libre circulación de mercancías se le podría agregar la libre circulación de trabajadores ? Le asusta esta alternativa...
M.N. : No podemos defender la libertad de comercio y negarnos rotundamente a la idea de que la libre circulación de mercaderías es en si un incitante para que los trabajadores se relocalizen. Eso si, se necesitaría una reglamentación. Por ejemplo, la aprobación de cuotas por países europeos. Medidas de esta naturaleza romperían con la demagogia de los políticos de los Estados miembros de la UE que prefieren el espanto pájaro del miedo, para no perder el apoyo de una opinión publica cada día mas temerosa de los que vienen de otras regiones del mundo.
P.L : Su actividad política le lleva a consagrar muchas horas en el espacio institucional belga. ¿ Le queda tiempo para intervenir en el mundo latinoamericano de Bruselas ?
M.N : Poco, pero cada vez que me solicitan lo hago con mucho gusto. Primero, por una razón política, porque pienso que el parlamentario está al servicio de las personas y asociaciones. Segundo, porque hay una forma de proximidad cultural ya que hablamos el mismo idioma y reconocemos la existencia de problemas urgentes que necesitan soluciones de largo plazo, que generen estabilidad en la familia inmigrada latinoamericana. Durante la operación de regularización fue muy difícil para mí, porque recibí muchas llamadas pidiéndome consejo. De gente que quería presentar sus papeles para acogerse a la regularización y que vivían una situación de miedo, que les impedía actuar. Era gente que pensaba que una vez fuera del anonimato, las autoridades belgas los expulsarían. Y tratar de dar consejos, a gente sicológicamente bajo presión, es muy difícil, porque lo que ellos piden son soluciones palpables, concretas...
P.L. : El senador Jean Cornil (PS) y usted han sido casi los únicos activos del mundo político de Bruselas en denunciar el secuestro y pedir la liberación de la líder del partido ecologista de Colombia Ingrid Betancourt.
M.N. : Ingrid Betancourt presenta un programa en el que se plantea la capacidad de resistencia en un país donde aparentemente sólo pueden existir la vía conservadora tradicional y la vía armada para solucionar la crisis profunda de sociedad que vive Colombia. Ingrid Betancourt representa algo muy distinto : es una alternativa pacificadora y progresista en un país donde la gente tiene miedo.
Antes de ser secuestrada por la guerrilla de las FARC Ingrid viajaba por el país, organizaba mítines donde se atrevía a dar nombres y apellidos de corruptos. Es así como se ganó el odio de la clase política tradicional colombiana.
Ella es senadora y representa al partido ecologista colombiano, y había algo en ella que me hacía eco, Jean Cornil por su parte también se mostró muy interesado por su causa. Jean Cornil y yo nos encontramos con un país (Colombia) en un contexto de violencia muy fuerte y una Ingrid secuestrada y casi olvidada. Cuando volvimos a Bélgica, nuestra idea era seguir hablando de ella y así mostrarle a la opinión pública europea y mundial que detrás del caso de Ingrid Betancourt hay un país poblado por gentes que viven un drama cotidiano.
P.L. : Si mañana, en agradecimiento a su actitud frente al combate por su liberación, Ingrid Betancourt le propusiera ir a Colombia a trabajar para construir un gran partido ecologista, ¿ Qué respondería ?
M.N. : Es una decisión difícil y de consecuencias incalculables, pero mi respuesta sería con un gran sí. Pues se trata de construir una alternativa, un proyecto generador de esperanza para la gran mayoría de los colombianos. Y a eso no me puedo sustraer.
*Redactor jefe Panoramica Latinoamericana y periodista española
Référence : panoramica.be.
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